Un gran amor que la mantenía completamente pura.
Un tembloroso disolverse de todos los antagonismos.
Robert Musil

Me levanto en el acto de la carne.
Soy el deseo. Soy la conciencia que se toca a secas.
Soy el amor.

Rojos los laberintos y las historias ciegas
y el tacto suspendido de la mirada
fija en los ojos vueltos en sí sedas,
tela de carne,
amor cubierto de su sombra.

Al despertar las horas de los hombres
pasan los cuerpos y reposan.
Barcos ajenos al amor del agua
o a la disolución
mecen sus quillas en el fondo
entregados seguros a sus anclas.

Ante tanta batalla detenida,
en el agua del metro
busco a solas de mi imaginación
la representación del amor,
el espejo en los ojos que se escapan.

En la redonda forma de las calles
o en el más hondo sondeo de los recuerdos,
de los teléfonos,
de los labios ardiendo en escapada
o demorando su metal al rojo,
tejo la carne que se inventa
y allí se entrega poderosa y pura,
a la enajenación enamorada.

Todos estos movimientos de ala,
bailes al sesgo,
que demoran su entrega o se confunden
entre la multitud,
reposadas o confusas seguridades
tejiendo eternamente la tela de su tacto
en un ir y venir de pasión
descubriéndose siempre
en ascuas siempre
en duda,
vertiginosos inventos del deseo
perdidos a la vuelta de la esquina
en un vacío que se toca a solas,
entrevistos secretos
en el sojuzgado azar de los ojos.

Repetidos encuentros
en el lugar común que es el amor.

Pedro Serrano (1957)
Ignorancia.
El Equilibrista, México, 1994.

Un poema al día, para que quienes puedan se lo pongan encima y lo atesoren en la memoria. Selección de Felipe Garrido.

Miguel Ángel Porrúa, editor; Academia Mexicana de la Lengua; Creadores Eméritos FONCA.

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