Inicia, pues, tareas menores. Sirenas,
más infidentes que altos cirrus inspirarán tu canto.
Muere poco a poco sobre el muro; a la vista
los bien cebados cuervos; pero no gimas,
pisa quedo remordimientos y lamentaciones.
De la malicia, pureza de intención extrae.
Torna abeja a manotazos, ríos; suma insólita
Pellejos del instante; apresura, si lo puedes,
Pasos en lluvias iniciales. Seas tú quien
has de humedecerlas inéditos corpiños,
encuclillaras a la vera de hermosas trajineras,
conmemorarles cálidos pezones de naranja.
Inicia terrenal viajero el ejercicio,
te lo dictan gaviotas con buenos sentimientos,
carrozas con pajizas salomés ombligando.
Peor aún que maullido el clarinete
pero pronto empiézate a morir. Luna fría
echada sobre melancolías antes fuego;
hoy billete maniqueo. Avanza, cata
polvos húmedos, rinde homenaje
al cielo en tenebrosa pústula; así
cosa sabida ante los deslumbramientos.
Si bien escucharas estas letras, acabarías
azotando alegres batientes. Pisarías
empeñoso caminante fuego y ruta: ambos
concederían a tus huellas azufres vetustos.
Si murieras antes de tiempo, farol en pie,
aprenderías ofertorios cinéricos, mascaradas,
y la importancia de arrancar pronto, pálido
el semblante, hacia mingitorios del destino.

Carlos Illescas (1918-1998)
Modesta contribución al arte de la fuga.
UNAM, Gobierno del estado
de Jalisco, México, 1988.

Un poema al día, para que quienes puedan se lo pongan encima y lo atesoren en la memoria. Selección de Felipe Garrido.

Miguel Ángel Porrúa, editor; Academia Mexicana de la Lengua; Creadores Eméritos FONCA.

Si te gustó, ¡compártelo!