Yo me propuse hacia 1975 apaciguar mis gestos poner a
reposar mis ademanes.
Y desde aquel entonces visto un amplio blusón gris
pantalón de mezclilla.
Yo creo que hará un año que no cambio las aguas de los
tres búcaros de casa: crisantemos amarillos
jarrón con crisantemos blancos la hornacina
con el florerito para unas rosas.
Mi mujer y yo nos desnudábamos como si en la encrucijada
de cuatro vientos huracanados acabara de
surgir un estrépito de caballos hacia un claro.
Vergel, entre los cuatro vientos.
Nuestros ademanes de amor eran un agua demudada una luz
lívida en la miel momentánea en el ámbar
de una cópula.
Y me retraigo, reposo: tu mano posada en el ámbar rapado
de mis pudendas.
(Brahms) junto a tu configuración sobre las sábanas.
Tu sitio: escalas.
Acerco, el cigarrillo encendido a los labios la mano en
alto la sábana empercudida.
Al borde del camastro, tejados: el frondoso sicomoro
centenario, deshojado
Estás.
Domos de rápida vid de líquidos panales cuyo geranio vivo
tajo y enarbolo entre mis dedos, en alto:
en la pared deshabitada la abierta forma
de unas tijeras

José Kozer (1940)
Poetas de México y Latinoamérica
Cuadernos de la Palabra
Universidad Veracruzana, Xalapa, 2007

Un poema al día, para que quienes puedan se lo pongan encima y lo atesoren en la memoria. Selección de Felipe Garrido.

Miguel Ángel Porrúa, editor; Academia Mexicana de la Lengua; Creadores Eméritos FONCA.

Si te gustó, ¡compártelo!