Esos pequeños mundos en mis manos,
globos de vidrio,
de ojo de gato bueno,
esfericidades que cambiamos por dulces.
Ah, ese papel metálico azul,
aquella convicción de ángel con que
hacíamos chocar nuestras cenicas.
Quien se quedaba con la negra
era tocado por un don,
un sino, una encorvada forma de caminar
en el futuro o una cadencia inalcanzable al hablar,
un ser de ala rota, pero digno.
Jugaba en la feria a no perder ninguna
y la luz con su acorde
y la música con sombras
me alejaban de aquellos universos
que me acercaba al ojo como queriendo
encontrar una razón,
una palabra, un mullido.
Entonces, todo el silencio era mi propiedad
en el patio de agua muerta,
en el corredor de vecindad con frutos
pudriéndose en el piso.
No sabía que estaba jugando al azar
o, a ser el sol de i sistema,
deseaba una canica oscura por encima
de todos los abrazos,
pero era mi cabeza la que tenía el cabello negro.

Ana Karla Sandoval (1975)
Vaga forma de acercarse a la luz para quemarla
Simiente, México, 2015

Un poema al día, para que quienes puedan se lo pongan encima y lo atesoren en la memoria. Selección de Felipe Garrido.

Miguel Ángel Porrúa, editor; Academia Mexicana de la Lengua; Creadores Eméritos FONCA.

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