Pescador,
el agua no tiene sal
ni tu anzuelo pescado.
Bajo la luz de la tarde
recoge tus hombros anchos
y vete a cazar estrellas
del otro lado del lago;
y no me guardes rencor,
ya ves que te desengaño,
que el ague no tiene sal
ni tus anzuelos pescado.

Marina Romero (1908-2001)
Rueca, Otoño, 1942, México
Año 1, número 4, p. 20

Un poema al día, para que quienes puedan se lo pongan encima y lo atesoren en la memoria. Selección de Felipe Garrido.

Miguel Ángel Porrúa, editor; Academia Mexicana de la Lengua; Creadores Eméritos FONCA.

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