En la baldosa fría de barro
sobre el pasillo a oscuras de la casa,

había que oír a Chito
cada mañana,

arriba de todo aquel mechón erguido
como una cresta matinal de gallo:

al desvelar la jaula del canario,

en la que Henry aún dormía,
confiado en la vigilia de su amo,

con voces moduladas más que de ave,
los ojos fijos en la jaula

hacía de sí una jauja de sílabas,
gárrulo más que el mismo pájaro,
canoro más que el propio canario:

y al trino casi líquido de Chito
descalzo, en el pasillo,

y al contestar de Henry
como un agua volviendo entre los líquenes,

ah jolgorio de ave y hombre,
la casa despertaba entera entonces.

¡Oh azorado Henry!
A juzgar por sus píos daba crédito,

de aquel gorjear de Chito en bata,
al sol,

al imposible sol en el pasillo a oscuras
de la casa.

Fernando Fernández (1974)
Palinodia del rojo.
Aldus, México, 2010.

Un poema al día, para que quienes puedan se lo pongan encima y lo atesoren en la memoria.

Miguel Ángel Porrúa, editor; Academia Mexicana de la Lengua; Creadores Eméritos FONCA.

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