En sueños, un gato camina por la azotea.
Es el maullido de la soledad y desamparo.
Lo escucho también por la escalera,
junto a la casa de la vecina;
y ésta, los rezos a Santa Rita de Casia,
a San Ignacio de Loyola.
Los gatos no son malos
y yo tampoco.
Aprendí a escribir a los tres años
y ya para entonces
me gustaban los gatos.
Al principio los cuidaba,
los alimentaba puntual tres veces al día.
El gato retoza…
El gato retoza en sombras.
Me huele,
se unta en mi cuerpo como un ardor,
como un relámpago
en el vértigo de la ausencia.
El gato reclinado “contra la soledad” avanza.
Cada respiración: un misterio.
Sólo afuera, en este afuera
donde la tarde se cumple en llamaradas,
la otra que soy –parda
frente al espejo de su imagen–
camina sin mirar atrás.

Nadia Contreras (1976)
Cuando el cielo se derrumbe,
El Tucán de Virginia, Dirección
de Cultura de Torreón, 2007.

Un poema al día, para que quienes puedan se lo pongan encima y lo atesoren en la memoria. Selección de Felipe Garrido.

Miguel Ángel Porrúa, editor; Academia Mexicana de la Lengua; Creadores Eméritos FONCA.

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