Por John Donne 

Amor, debido a nada excepto tú
habría roto este sueño feliz, una imagen
a la razón destinada, en exceso
potente para ser sólo un fantasma,
es sabio de tu parte despertarme,
por tanto, mas mi sueño no interrumpes
sino que sigues: eres tan verdad
que el pensamiento de ti es suficiente
para volver verdad sueños, ficciones, historias;
entra a estos brazos, ya que decidiste
que no soñara mi sueño completo, actuemos el resto.
Como un relámpago, o luz de una vela
me despertaron tus ojos, no el ruido que hiciste;
al principio creí
(pues amas la verdad) que eras un ángel,
hasta que vi que veías por dentro
mi corazón y mi mente, mejor que los ángeles pueden hacerlo,
y que sabías qué estaba soñando, y sabías
en qué momento me despertaría el exceso
de gozo, y viniste, confieso que entonces
habría sido herejía creer
que tú fueras otra que tú.

Venir y quedarte conmigo te reveló a ti,
mas levantarnos me hace preguntarme
si tú eres aún tú.
Es débil el amor si enfrenta al miedo;
ya no es espíritu puro, valiente,
si en él se mezclan miedo, vergüenza y honor.
Tal vez como antorcha que debe estar lista
para apagar y encender si hace falta,
así me tratas tú, pues viniste a encenderme,
te vas para venir.
Entonces yo soñaré esa esperanza
una vez más, o si no moriré.

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