Era en una tierra un hombre labrador,
que araba con la reja más que toda otra labor.
Más amaba la tierra que no al Creador,
era de muchos modos gran alborotador.

Si hacía una maldad, la hacía grande en verdad.
Cambiaba los mojones para aumentar su heredad;
cada que hacía un trato lo hacía con falsedad;
muy mala fama tenía entre su vecindad.

Pero, aunque malvado, bien quería a Santa María.
Oía sus milagros, y siempre los creía.
Siempre la saludaba; le decía cada día:
“Ave, gracia plena, que pariste al Mesías.”

Murió el rompeterrones de tierras bien cargado;
en soga de diablos fue luego cautivado;
lo arrastraban por tierra, de coces bien sobado;
le pagaban al doble el pan que les había dado.

Se dolieron los ángeles de esta alma mezquina,
pues los diablos lo llevaban arrastrándolo en repiña;
quisieron socorrerla, ganarla por vecina,
mas para hacer tal pasta les faltaba harina.

Si los ángeles les decían de bien una razón,
un ciento decían los otros, todas malas, buenas no;
los malos a los buenos los tenían en un rincón,
por sus pecados el alma no salía de su prisión.

Un ángel se levantó y dijo: “Yo soy testigo,
“verdad es, mentira no, esto que yo les digo:
“el cuerpo, el que trajo esta alma consigo,
fue de Santa María vasallo y amigo.

“Siempre la nombraba, en la comida y la cena,
“le decía tres palabras: ‘Ave gracia plena’;
“la boca que profería tan santa cantilena
no merecía yacer en tan mala cadena.”

En cuanto este nombre de la Santa Reïna
oyeron los diablos, salieron de allí aína;
se esparcieron todos como una neblina;
todos ellos se olvidaron de esa alma mezquina.

Los ángeles la vieron quedar desamparada,
de pies y manos con sogas bien atada;
como una oveja que estuviera enzarzada;
fueron y se la llevaron para su majada.

Nombre lleno de dones y de virtudes tantas,
que a los enemigos ahuyenta y espanta,
no debe dolernos, ni en lengua ni en garganta,
para que no digamos: “Salve, Regina Santa”.

Gonzalo de Berceo (c. 1197-antes de 1264)
Milagros de Nuestra Señora. Vida de Santo Domingo
de Silos. Vida de San Millán de la Cogolla. Vida de
Santa Oria. Martirio de San Lorenzo.

Prólogo y versión moderna de Amancio Bolaño e Isla.
Porrúa, México, 1954.
[Esta versión moderna es de Felipe Garrido]

Un poema al día, para que quienes puedan se lo pongan encima y lo atesoren en la memoria. Selección de Felipe Garrido.

Miguel Ángel Porrúa, editor; Academia Mexicana de la Lengua; Creadores Eméritos FONCA.

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