Un mudo cielo oscuro
un auto quieto, solo,
una torre de estrellas derrumbadas,
ajena a esta región bancaria,
bellota seca, cáscara muerta,
pronta a crujir
si el tiempo pisa fuerte,
si los hombres de golpe se amoscaran.
Letras extintas
entre las telarañas del vidrio
izan consignas corredizas,
lazos, cepos
del cambio y de la compraventa,
mientras los gentilicios duermen,
abierto el ojo frío del amo,
entre sus fueros protegidos
por un cambio del día favorable.
Duerme todo sin sueños,
los balcones inútiles, barandas
donde asomarse fuera sancionado.
El viento gira, muerde
los papeles del día,
las cintas sumadoras,
las fugaces flores del interés,
a falta de árboles, pájaros o musgo,
en este insomnio
de eléctricas alarmas.
Tengo de pronto miedo de quedarme
Mercando, como Nils,
obligado a venderme o a venderte,
para evitar que algo –inútil–
se desmorone en el orden del mundo.

Ida Vitale (1923)
Sueños de la constancia.
FCE, México, 1988.

Un poema al día, para que quienes puedan se lo pongan encima y lo atesoren en la memoria. Selección de Felipe Garrido.

Miguel Ángel Porrúa, editor; Academia Mexicana de la Lengua; Creadores Eméritos FONCA.

Si te gustó, ¡compártelo!