Las ingeniosas soluciones a los impuestos de Santa Anna

Desde el comienzo de la civilización, las ciudades han sido el reflejo de su sociedad, tanto de sus necesidades como de sus limitantes. La estructura urbana y la apariencia de sus edificios mantienen su imagen actual tras decenas de capas superpuestas, cada una derivada de un momento histórico particular que va definiendo la cara de la ciudad que hoy vemos. 

En 1854, el gobierno del entonces presidente de México, Antonio López de Santa Anna, publicó el 9 de enero una circular emitida por el Despacho de Hacienda y Crédito Público, en la que exponía a través de siete artículos una descripción puntual de cuotas aplicadas a viviendas particulares a lo largo y ancho de la República, quedando exentos de pago los inmuebles de gobierno, fueran escuelas públicas, hospitales y edificios administrativos, así como las propiedades eclesiásticas, como conventos e iglesias. Encima de dichos cobros, pocos meses atrás habían sido solicitadas por el gobierno una serie de contribuciones fiscales por cada perro, cada caballo y cada vehículo de uso particular, agravando la ya complicada economía de un considerable segmento de la población 

El nuevo decreto estipulaba que las viviendas hechas de piedra, ladrillo o adobe “pagarán un real por cada puerta y cuatro octavos por cada ventana exterior”, mientras que las propiedades hechas de cualquier otro material –entendiéndose como materia prima de menor calidad– “pagarán cuatro octavos por contribución de cada puerta y dos por cada ventana exterior”. Para el caso de las viviendas más modestas, pertenecientes a jornaleros y campesinos, los pagos quedaban condonados; sin embargo esta tarifa no tardó en provocar una reacción en la población afectada, quien optó por modificar sus viviendas con tal de evitar el pago de tan elevadas cuotas, desestabilizando particularmente a hacendados y terratenientes.

La respuesta de los ciudadanos no se hizo esperar, quienes haciendo uso del ingenio y buscando salvaguardar sus ahorros, no dudaron en desaparecer el objeto de cobro. Si bien deshacerse de una puerta no es cosa fácil, se improvisó con materiales a disposición para, en un gran número de casos, tapiar los accesos más que reconstruir por completo una sección del muro. Tal solución no resultó ser precisamente la más agraciada, aunque sí una suficientemente efectiva, evitándose así el pago mensual por lo que alguna vez pudo haber sido una ventana.

calle de roldan y su desembarcadero
Fuente. La Calle de Roldán y su desembarcadero (detalle). Litografía. En Castro, Campillo, Auda y Rodríguez (1855-18__)

A través de registros litográficos es posible evidenciar la aplicación in situ de estos improvisados remedios contra los impuestos. En la zona de La Merced, en el ahora Centro Histórico de la Ciudad de México, los edificios de la Calle de Roldán (anteriormente Calle Embarcadero) aparecen representados con algunos muros lisos curiosamente enmarcados con ornamentos propios de una ventana, conservando en ocasiones la cornisa inferior de lo que alguna vez fue un balcón. En casos más elaborados, las paredes externas muestran tenues rasgaduras donde se logró remover toda pista de una abertura.  

Además, dado que este modelo de impuestos ya había sido previamente implementado en algunos países de Europa, la población mexicana veía como algo común la adopción y aplicación de políticas económicas foráneas, por lo que no resultó ser en lo inmediato una medida en absoluto insensata. Del mismo modo, tratándose de un arancel que cobraba más a quienes más tenían al mismo tiempo que eximía del pago a los menos afortunados en el estrato socioeconómico, su aplicación se consideró incluso un tanto justa.

Transcurridos los años, las cicatrices de las enmiendas a las fachadas de los edificios continúan aún presentes en vista de la poca sutileza con la que en su momento se buscó salir de apuros. Si existían mejores arreglos o si resultaron ser respuestas precipitadas, no podemos estar realmente seguros, considerando que tales impuestos fueron revocados al año siguiente de su creación. Lo cierto es que actualmente es posible encontrar estas remiendas urbanas por doquier, evidentes en los extensos muros uniformes que hoy permanecen como recordatorio de un pasado abrumado por los impuestos.

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