La poesía es un arte milenario, creado como una forma de expresión bella y con un lenguaje cuya característica es el verso. En un principio se le llamó lírica, por estar escrita en verso clásico, y acompasada por la musicalidad y el ritmo, así como por la rima. En la actualidad, aunque existen poemas en verso libre, el ritmo la sigue acompañando.

El poema, sobre todo el lírico, habla de los sentimientos y las emociones de alguien que nos comparte su mundo interior –ser al que se le conoce como “yo poético”– y siempre busca tocar la sensibilidad del receptor del mensaje poético –al que se le llama “enunciatario lírico”.

Muchas personas dicen que les cuesta trabajo leer poemas, porque están escritos con “palabras extrañas” y, por lo tanto, son difíciles de entender. Y en algo tienen razón, puesto que el poema utiliza un lenguaje subjetivo; es decir, no expresa el significado directo de las palabras (denotación) sino que éstas se dan a partir de imágenes y se sujetan a la interpretación de quien lo lee (connotación).

Asimismo, es cierto que el poema genera su propia gramática y su sintaxis (orden de las palabras en una oración), porque la forma en que se encadenan los elementos de una oración para lograr coherencia, se pierde en la disposición de los términos que componen un verso y una estrofa, y eso los hace parecer “raros”. 

Además, se tiene la idea de que los poemas hablan del amor en sus diferentes dimensiones, pero una vez que la persona se permite ingresar al mundo de la lectura poética se da cuenta que tratan muchos y diversos temas: la guerra, las guerras nucleares, la violencia, la desesperanza, la miseria, la desolación, el abuso sexual, la muerte y más; por ejemplo, estos versos del Nocturno en que nada se oye, del poeta mexicano Xavier Villaurrutia: 

En medio de un silencio desierto como la calle antes del crimen
sin respirar siquiera para que nada turbe mi muerte
en esta soledad sin paredes
al tiempo que huyeron los ángulos
en la tumba del lecho dejo mi estatua sin sangre
para salir en un momento tan lento
en un interminable descenso
sin brazos que tender
sin dedos para alcanzar la escala que cae de un piano invisible
sin más que una mirada y una voz
que no recuerdan haber salido de ojos y labios
¿qué son labios?, ¿qué son miradas que son labios?
Y mi voz ya no es mía
dentro del agua que no moja
dentro del aire de vidrio
dentro del fuego lívido que corta como el grito

¿Qué busca comunicar el “yo poético”? ¿Qué sentimientos lo asolan? ¿Qué ideas lo atormentan? ¿Habla del amor, de la muerte, de la soledad o sólo del silencio que es como una tumba? ¿Hay angustia, desesperación, olvido, amargura o sólo silencio?

Las respuestas correctas a estas interrogantes dependen, en gran medida, de la experiencia de vida de quien lee, de su forma de ver el mundo, de su manera de expresar sus sentimientos, de quién es en general. También es importante tener en cuenta que al leer el mismo poema en diferentes momentos del día o en distintos días, es casi seguro que le dirá otras cosas, porque todo el tiempo estamos en movimiento, porque nos nutrimos de las charlas con los amigos, con lo que leemos, con lo que vemos en nuestro transitar por la calle, en el transporte público, en la convivencia en el trabajo y más, y ello nos da una percepción distinta de lo que el “yo poético” trasmite.

Así que, bien mirado, leer poesía puede ser una actividad difícil, pero siempre será para disfrutar, para darse un tiempo en que los sentimientos, sean los que fueren, se pongan en juego y la capacidad de darle sentido a lo que se lee ofrecerá muchas y distintas satisfacciones.

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