Del lenguaje

Una lengua periférica 8/8

Viene de 7/8

El Primer Congreso Internacional de Academias de la Lengua Española –idea del presidente Miguel Alemán–, organizado por la Academia Mexicana de la Lengua, se inauguró en el Palacio de Bellas Artes el 23 de abril –aniversario de la muerte de Cervantes– de 1951. Todos los miembros de las diecinueve academias que entonces existían –hoy son veintitrés– acudieron a México, excepto los de la Real Academia Española (RAE), a quienes la dictadura de Franco se los prohibió mientras nuestro país mantuviera relaciones con los republicanos españoles.

El tema central de la reunión fue si la RAE debía seguir siendo la única institución que normara cómo debía hablarse y escribirse el español, o si debía compartir esa tarea con las demás academias. Bajo el liderazgo de Martín Luis Guzmán, y tras encarnizadas discusiones, esa idea renovadora terminó por imponerse. Los académicos españoles no conocían suficientemente ni querían conocer la lengua que se hablaba fuera de España. El Congreso acordó que las academias americanas ya no serían correspondientes de la española; serían sus pares. Para organizar sus trabajos futuros se formó una Comisión Permanente en la que sí hubo un representante de la RAE: Agustín González de Amezúa; un diplomático excepcional que en seguida tomó las riendas. Concilió todas las opiniones; hizo ver que la experiencia y los recursos de la RAE la hacían indispensable, y que todas las demás academias igualmente lo eran para defender la unidad de la lengua y para en verdad avanzar en su conocimiento.

Lo más urgente era consolidar el trabajo conjunto de las academias y preparar la celebración de un segundo congreso, que debería celebrarse en Madrid antes de que hubieran transcurrido cuatro años.


El 8 de enero de 1952, Alberto María Carreño, delegado de México, dio lectura al mensaje que la Comisión dirigió a la Real Academia Española, sobre la tarea realizada por Agustín González de Amezúa:

La Comisión Permanente del Congreso de Academias de la Lengua Española se complace en expresar su agradecimiento a la Real Academia Española por haber designado al señor don Agustín González de Amezúa como su representante en aquélla. Y lo agradece, porque la inteligente y comprensiva labor que ha desarrollado ha servido de manera extraordinaria para hacer que desaparezcan las comprensibles asperezas que había producido en algunos de los académicos de este Nuevo Mundo y aun en muchos mexicanos no académicos la ausencia de aquel instituto en el Congreso celebrado durante el mes de abril del año último en esta ciudad de México. El señor González de Amezúa ha visto con meridiana claridad los problemas que en materia de lenguaje han surgido en los países americanos, y con plausible amplitud de criterio ha procurado que ellos sean resueltos con un alto espíritu de concordia y conjuntamente por la Real Academia, que por más de dos siglos ha tomado sobre sí la vigilancia de la pureza de nuestra lengua, y por las academias americanas, que a pesar de los altibajos de su propia vida, han aceptado con placer el constituirse en colaboradores de aquélla. 

Durante la actuación del señor González de Amezúa, a quien se confirió la presidencia de la Comisión Permanente como reconocimiento de sus propios méritos, pero también como una muestra de respeto para la Real Academia, él ha podido comprobar el deseo vivo y sincero de los representantes de las otras academias de que aquélla y éstas formen una verdadera asociación cuyos lazos más firmes sean el amor a la lengua castellana y el anhelo de conservarla sin manchas que la afeen, sin deformaciones que la destruyan. El señor González de Amezúa, al dar cuenta de su comisión, seguramente hará ver todas las ventajas que para aquel propósito tendrá el trabajo de conjunto, que la Comisión Permanente por su parte se propone desarrollar en México, aceptando gustosa las sugestiones de la Real Academia; y la Comisión espera que sus sentimientos serán debidamente interpretados. Al agradecer, pues, a la Real Academia el nombramiento de tan ilustre representante, la Comisión agradece a éste también, su admirable cooperación para llevar adelante los altos fines del Primer Congreso de Academias de Lengua Española. 


La ausencia de la Real Academia Española en el Primer Congreso de Academias de la Lengua Española, dijo en Zacatecas, en 1997, durante el Primer Congreso Internacional de la Lengua Española, el poeta, novelista y académico andaluz Odón Betanzos, 

no fue deseada por la Real Academia, que bien se daba cuenta de la importancia de la convocatoria, sino provocada por las presiones de la dictadura que regía entonces a España, la cual no dio permiso de salida a los delegados elegidos. […] México fue consecuente en su postura al reconocer al gobierno de la república española en el exilio y no al de la dictadura triunfante. De ese primer congreso en México nacerían la Asociación de Academias de la Lengua Española y la Comisión Permanente, enlaces perfectos entre las academias existentes en aquel año y las nacidas después, que totalizan las veintidós* que hoy se esfuerzan por la unidad del mundo hispánico. Esa Asociación y la Comisión Permanente son modelos perfectos de trabajo, armonía y visión unitaria de la lengua española.

Que hoy veintidós pueblos, con diferentes raíces, se sientan hermanados por una lengua común y universal no se debe a proyectos políticos y sí a esa Real Academia Española. A consecuencia de las guerras coloniales bien pudo ocurrir la ruptura de nuestra lengua, tal como sucedió al derrumbarse el imperio romano y no existir una fuerza unificadora y centralizadora. Bien pudo pasar que de la lengua madre española nacieran varias lenguas en el mundo americano. Que nosotros, de tan diferentes pueblos, nos entendamos perfectamente en nuestra lengua común se debe, precisamente, a que la Real Academia Española fue hilando la unión cuando los políticos habían fracasado. La fuerza del intelecto, de la razón y de la armonía fue creando las academias americanas, empezando con la de Colombia, hasta completar la unión con una por cada pueblo. La visión panorámica sustituyó a la miopía, el renacer al abandono y el bien integral a la dispersión y desunión. Si grandes cataclismos no vienen a romper lo bien estructurado, tendremos lengua española por muchos siglos.

Una lengua que es por igual de los filipinos y de los mexicanos, chilenos, ecuatorianos, españoles, salvadoreños… Una lengua que no reconoce su centro en ninguna comunidad lingüística particular. Una lengua que hoy es policéntrica, toda periférica.

* Actualmente veintitrés.


El arte de escribir

¿Dónde están las historias?

En tu infancia, en tu familia, en la gente que conoces; en lo que has oído, visto, soñado, alucinado, recordado; en esos desconocidos con los que te cruzas en la calle, en el metro, en los aeropuertos, en la oficina; en lo que has leído; lo que has visto en el cine, el teatro, la televisión; lo que has soñado dormido y despierto… Búscalas ahí, en lo que has vivido.


Atisbos

Viajeros

La cola llenaba la carretera hasta donde podíamos verla. En el columpio se veían dos trailer atravesados, descoyuntados, apoyados uno en el otro, dos bestias muertas.

–Dale a la derecha –dijo Sebas y señaló un camino entre las milpas. Laura venía dormida. Rosa preguntó dónde salía la brecha, pero no lo sabíamos y no le contestamos. 

Torcimos a la izquierda cinco veces, en el campo, y volvimos a la carretera.

–¿Salimos a Teapa por aquí?

–Dése vuelta después del tope, al llegar al arco…

–¿Cuál arco? –preguntó Laura, despierta con el apuro.

–Le dijeron mal, tiene que llegar primero a Madero…

–Eso está del lado de Los Mecos. Hay que regresar…

–Agarraron el otro. Éste va a los corrales…

Laura se bajó en algún lado. Sebas aguantó unas semanas. Rosa no se acuerda bien a dónde íbamos y no cree lo que le digo. Yo me miro en el espejo y trato de recordar cuándo salimos. De algo estoy seguro: entonces no estaba tan viejo.


Líneas sueltas

Guardaba sus pájaros en los árboles.

Finalmente acepté que había despertado a otro sueño.

No quiere, no puede, no sabe, nunca en su vida ha dicho una verdad.

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