Del lenguaje

Dijo Arreola, entrevistado por Carballo, por Del Paso:

  • El arte de escribir consiste en violentar las palabras, ponerlas en predicamento para que expresen más de lo que expresan. El arte literario se reduce a la ordenación de las palabras. Las palabras bien acomodadas producen una significación mayor de la que tienen aisladamente. De allí que palabras vulgares, desgastadas por el uso, vuelvan a relucir como nuevas. Las palabras son inertes de por sí, y de pronto la pasión las anima, las levanta, las incluye en el arrebato del espíritu. El problema del arte consiste en untar el espíritu en la materia; en tratar de detener el espíritu en cualquier forma material.
  • El poema, como la escultura y la pintura, son imposibilidades absolutas. El gran artista comete aproximaciones.
  • Creo en la materia animada por el espíritu. He llegado a creer que Dios se cumple en su creación. No puedo pensar que Dios exista antes de la creación. Dios es porque nosotros somos. El hombre es capaz de intuir y concebir a Dios; es la criatura indispensable.

El arte de escribir

Para conocer a Carballo 2/3

Tres libros publicados hace tres lustros se suman para darnos una imagen global de este personaje imprescindible. Emmanuel Carballo: protagonista de la literatura mexicana, una serie de ensayos y entrevistas de diversos autores, recogidos por Rogelio Reyes Reyes y publicados por la Universidad Autónoma de Nuevo León; Ensayos selectos, un puñado de estudios y entrevistas elegidos y prologados por Juan Domingo Argüelles y editados por la Universidad Nacional Autónoma de México; y Ya nada es igual, memorias de 1929 a 1953: los 24 años tapatíos de Carballo, antes de mudarse a México –esta edición fue del Fondo de Cultura Económica; diez años antes hubo otra, de Ediciones de la Noche, en Guadalajara.


Un amplio –35 páginas– y útil “Estudio preliminar”, de enfoque biográfico, por Rogelio Reyes Reyes, abre Emmanuel Carballo: protagonista de la literatura mexicana. Tres homenajes –de Escalante, Campos y Valdés Medellín– resaltan enseñanzas, virtudes y manías: la actitud beligerante, la sinceridad irredenta, la entrevista-ensayo, la capacidad de síntesis, la intervención decisiva para definir autores, grupos, obras. Siguen dos homenajes más, de Beatriz Espejo –“Nos llevaría buen rato enumerar las escaleras que Emmanuel Carballo ha tendido o ayudado a tender para que otros las transiten”– y de Leonardo Martínez Carrizales –“estamos condenados a repetir a Carballo sin citarlo adecuadamente”–; por su parte, más que hablar de Carballo, Rangel Guerra nos informa de sus propias peripecias burocráticas. Sigue una sección de entrevistas; bien hechas y por lo mismo repetidas unas con otras. Un ejercicio interesante sería armar una entrevista única, con las mejores preguntas de los entrevistadores –Campos, Roura, Argüelles, Ruvalcaba, Güemes, Poniatowska, Arankowsky, Ramírez. 

Ensayos selectos tiene un prólogo espléndido, y una selección que presenta uno de los posibles rostros de Carballo: el del crítico que ordena su experiencia –por virtud del antologador– para dar una imagen de los fundamentos de nuestra literatura en el siglo XX. El libro se divide en tres secciones: Estudios literarios, Protagonistas y Memorias de un francotirador. Hacen falta unos pocos ensayos fundamentales, como el mencionado en mi colaboración anterior sobre Rulfo y Arreola. Pese a eso, el trabajo de Argüelles es muy meritorio: acerca la obra de Carballo al lector de nuestros días y de los días por venir. Al través de las palabras de Carballo presenta un ambicioso programa de lecturas. Quien quiera estar al tanto de lo que se escribió en México en los dos primeros tercios del siglo XX, tendrá que seguir los itinerarios propuestos por Carballo, según los ordena Argüelles.

Ya nada es igual puede leerse como una novela: profunda, espléndidamente escrita, en ella se construye por lo menos un gran personaje: el niño y el joven que Emmanuel Carballo fue, y se extiende un amplio fresco sobre la vida en la Guadalajara de los años treinta y cuarenta del siglo XX. El libro despliega un interés central en la literatura –abunda en reflexiones, noticias, confidencias en torno a las letras–, pero no se limita a ese campo. Hay otros motivos de indagación –la gente de todos los días– y una cuidadosa escritura que da vida al mundo personal de Carballo.


Los tres libros se acompañan y se completan; vale la pena leerlos uno tras otro: presentan a este personaje central de nuestra cultura, y muestran una visión amplia y profunda de esa misma cultura. 

Los tres libros dan testimonio de un hombre que a la mitad de su vida se retrató de esta manera en su columna Diario Público: “Yo quise ser, desde adolescente, un hombre feliz. Y la felicidad, para mí, consiste en decir a toda hora lo que pienso del mundo que me rodea. Felicidad también, y más profunda, es el amor. Puedo decir a los treinta y nueve años que casi siempre he dicho la verdad (cuando no la dije sufrí grandes calamidades internas) y casi siempre he vivido enamorado. Esta actitud tiene sus desventajas: hace años que nadie me ofrece empleos y mucha gente decente (e importante) me mira como a un apestado. Y realmente no soy yo el que apesta sino la sociedad en que vivo”.

Atisbos

Televisión

Después de cenar alzamos la mesa y subimos al cuarto de la tele. Papá cambia los canales todo el tiempo y los demás protestamos y mamá se pone a tejer y mis hermanas se sientan siempre enfrente de mí. A veces peleamos un poco y papá pega un grito o se tira al piso para hacernos cosquillas y lucha con nosotros como si fuéramos tigres. Pero al rato ya estamos callados. Vemos los anuncios y si se hace tarde pedimos a gritos que nos dejen otro rato y mis hermanas se ríen o se asustan o dicen mira qué mango y me empujan o me pegan cuando nadie las ve.

Papá se sienta al lado de mamá y la abraza forcejeando como si también ellos fueran tigres, y le hace cosquillas o le tapa los ojos y ella se pone seria y sacude los hombros y le pide que la deje en paz. Luego la calle se va quedando quieta y no se oye otra cosa que la televisión, y mis hermanas ya no dicen nada porque tienen sueño o están viendo los programas.

Entonces me acuesto en la alfombra como si fuera a dormirme y me cubro la cara con las manos. Me vuelvo sin que nadie se dé cuenta; me voy acomodando de manera que, entre los dedos, pueda ver cómo crecen, cómo suben desde los zapatos de tacón alto, cómo se pierden en los pliegues de la falda las firmes, blancas, suaves, dulces, perfumadas piernas de mamá.

Líneas sueltas

La degradación de las personas y de la sociedad comienza cuando descuidan su manera de hablar.

La amistad está por encima de las creencias y las opiniones enfrentadas.

Un optimista no pierde nunca la alegría ni el valor. 

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