Sudar, ese mecanismo corporal tan cotidiano para todos nosotros, que incluso ocultamos con fragancias para que pase desapercibida su inevitable presencia, y da la impresión de ser una broma que la naturaleza nos jugó, ¿quién podría imaginar que su función es vital para la sobrevivencia de la especie? Los seres vivos para mantenernos con vida debemos disipar energía. Todas las células de un organismo toman energía de una fuente de alta calidad y la desechan en igual cantidad al medio ambiente, pero bajo formas de menor calidad.


El sudor no tiene olor, el mal olor que se asocia a este fluido se debe al contacto entre la humedad y la flora bacteriana de nuestro cuerpo.


Las plantas absorben luz solar y dióxido de carbono, luego almacenan una parte en forma de azúcares y carbohidratos, finalmente emiten agua y calor que ya no son fuentes de energía útiles para realizar la fotosíntesis. Los animales reciben energía principalmente a través de lo que comen, posteriormente producen desechos y emiten calor. La energía no se ha perdido, se ha disipado: ha disminuido su calidad. Todas las especies tenemos un sistema de termorregulación indispensable para que el organismo funcione, manteniendo una temperatura óptima en células y tejidos.

Los tipos de termorregulación en la naturaleza son muy variados, uno de los más eficientes es la sudoración. Al realizar un esfuerzo físico, se libera calor y se dilatan los vasos sanguíneos en la piel activando las glándulas sudoríparas.

El Homo sapiens es el mamífero que más alta capacidad de sudoración tiene, ya que puede producir hasta 500 gramos de sudor por metro cuadrado de piel por hora, mientras que la capacidad equivalente en un camello es aproximadamente la mitad. Esta característica, desarrollada hace unos dos millones de años, es una de las más importantes en garantizar la supervivencia y la evolución de los homínidos.


En promedio, una persona adulta suda diariamente cerca de 700 mililitros diarios, la mayor parte por medio de las axilas y las plantas de los pies.


Su alto nivel de sudoración, traducido en una alta eficiencia para eliminar energía, ha permitido que el Homo sapiens sea uno de los mejores corredores de fondo en la naturaleza. Muchos otros animales son más veloces, pero usualmente se cansan rápidamente. Por ello, nuestros ancestros se podían organizar en grupos de cazadores y perseguir a un antílope o bisonte corriendo tras él por muchos kilómetros, acorralándolo y agotándolo hasta capturarlo para alimento o su domesticación. 

Hoy vivimos tiempos en los que nuestro planeta se calienta gradual pero alarmantemente. Los seres humanos, gracias a nuestra capacidad para sudar, podremos, sin duda, adaptarnos a un aumento de hasta 4 grados centígrados en la temperatura promedio, desafortunadamente muchos de nuestros compañeros de viaje, probablemente, no lo lograrán y su extinción puede arrastrarnos sin remedio a nuestro fin. La mayor amenaza que porta el cambio climático no es el nivel de los océanos ni el retroceso de las costas, sino la pérdida de biodiversidad a nuestro alrededor. 

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