Ilustración basada en un grabado de Franz Masserel.

Por el sendero misterioso, recamado en sus bordes de exquisitas plantas en flor y alumbrado blandamente por los fulgores de la tarde, iba ella, vestida de verde pálido, verde caña, con suaves reflejos de plata, que sentaba incomparablemente a su delicada y extraña belleza rubia.

Volvió los ojos, me miró larga y hondamente y me hizo con la diestra signo de que la siguiera.

Eché a andar con paso anhelado; pero de entre los árboles de un soto espeso surgió un hombre joven, de facciones duras, de ojos acerados, de labios imperiosos.

–No pasarás –me dijo, y puesto en medio del sendero abrió los brazos en cruz.

–Sí pasaré –respondile resueltamente y avancé; pero al llegar a él vi que permanecía inmóvil y torvo.

–¡Abre camino! –exclamé.

No respondió.

Entonces, impaciente, le empujé con fuerza. No se movió.

Lleno de cólera al pensar que la Amada se alejaba, agachando la cabeza embestí a aquel hombre con vigor acrecido por la desesperación; mas él se puso en guardia y, con un golpe certero, me echó a rodar a tres metros de distancia.

Me levanté maltrecho y con más furia aún volví al ataque dos, tres, cuatro veces; pero el hombre aquel, cuya apariencia no era de Hércules, pero cuya fuerza sí era brutal, arrojome siempre por tierra, hasta que al fin, molido, deshecho, no pude levantarme.

¡Ella, en tanto, se perdía para siempre!

Aquella mirada reanimó mi esfuerzo e intenté aún agredir a aquel hombre obstinado e impasible, de ojos de acero; pero él me miró a su vez de tal suerte, que me sentí desarmado e impotente.

Entonces una voz interior me dijo:

–¡Todo es inútil; nunca podrás vencerle!

Y comprendí que aquel hombre era mi Destino.

FIN

por Amado Nervo


Amado Nervo nació en México en 1867 y murió en Uruguay en 1919. Escribió poesía, novela y ensayo. Perteneció al movimiento modernista. Tras su muerte fue enterrado en su país natal en la Rotonda de las Personas Ilustres (en aquel tiempo llamada Rotonda de los Hombres Ilustres).

amado nervo

En 1900 viajó a París y se relacionó con poetas y escritores como Jean Moréas, Guillermo Valencia, Oscar Wilde y Rubén Darío entre otros. También encontró su motivo de inspiración para escribir los poemas de La amada inmóvil en Ana Cecilia Luisa Daillez.

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