Imágenes nebulosas, que van y vienen sin razón, moldean la memoria y redefinen el presente: percepción. Los eventos en combate quedan dentro y fuera de uno como tatuaje evidente, inconfundible e imborrable de una historia de soldado. He vivido muchos días en el frente, pero hay una batalla de la que quiero hablar:

En el comienzo. Incertidumbre, ansiedad, excitación, confusión, miedo y más; no importa el orden, cada quien siente diferente. Eran los primeros meses, los preparativos aumentaban, se empezaba a cobrar conciencia de lo que vendría. Las actividades y la dieta habían cambiado para ella, no eran lo que solían ser en un tiempo no tan distante. Yo lo vivía todo de cerca, pero el inmensurable y portentoso acto heroico en contienda no me pertenece.  

Ella, flor del cerezo que retorna cada primavera como danza de Afrodita y aliento de Atenea, la mujer junto con la cual decidí emprender esta aventura, estaba embarazada. A los tres meses, los servicios médicos se volvieron presencia habitual. Para ese entonces, algunos compañeros de armas habían sucumbido, y la muerte  los levantó con gloria; lucharon con valentía, pero por alguna ecuación inexplicable, la vida no deja que todo un bando celebre libre de bajas. La metamorfosis que ella experimentaba en su ser alteraba la rutina de su descanso nocturno, de su sueño, tal como le ha pasado a todos aquellos guerreros alguna vez sitiados y a la espera de ser asaltados. Sí, existía apoyo desde fuera, pero el camino sólo puede ser recorrido como una flecha que, después de ser liberada de su arco, viaja solitaria hacia su destino. Sin embargo, había momentos para conversar, reír y gozar de la existencia. No era una tragedia, pero sí una lid de proporciones épicas: la nada contra la creación.

Eran ya seis meses. Yo fiel escudero. Ella noble general. Por más que yo cooperara, imposible y deshonesto sería comparar nuestra encomienda, nuestras privaciones y padecimientos. Lo suyo era infinitamente mayor.

La transmutación física avanzaba. La vanidad iba siendo sometida ante la oda de la vida nueva. Al mismo tiempo y por turnos, se presentaban ante nosotros: la nostalgia por lo que fue, la fantasía y el temor por lo que sería, y la ambigüedad de lo que era. La carga de las dolencias y las nuevas circunstancias las enfrentaba con el valor que puede imaginarse han tenido los miles de ejércitos que han sabido esperar, buscar y organizar todo cuanto sea requerido para la llegada del grito de guerra. Sin duda, el valor de esta audaz campeadora se veía nutrido por la fuerza de voluntad, y ésta por el amor y el compromiso. Esto me hacía traer a la mente lo que es la infantería: el conjunto del uno, las venas de todos y la misma sangre.

Si yo hubiera sido el elegido líder de la misión, podría igualmente haberla cumplido. Es probable, no lo sabré nunca; de hecho es, hasta ahora, imposible que eso ocurra. Pero no es asunto nuestro investigar tal cosa. No es una cuestión de género, solamente de reconocer la admiración por aquella a quien le fue dado el cometido más difícil y trascendental. Sí, la responsabilidad es una y única por igual para los dos, pero no es lo mismo sostener la vida que acompañarla.

El último tercio. Próximo se halla el día cero. Su figura se había transformado. Era más ancha, tenía más kilos en su rostro y cuerpo. Algo hinchada y con un pequeño mundo en el ombligo. El ginecólogo, como parte de la rutina semanal, y nosotros, como los antiguos griegos y romanos, haciendo preguntas al oráculo. A pesar de la transformación, ella portaba una belleza especial, diferente, cargada de la magia que puede producir luz de la oscuridad. Los sentimientos generados desde el origen de tal odisea parecían ser casi los mismos. Había optimismo y mucha energía interior. El campamento se empezaba a levantar, los días de preparativos parecían llegar a su fin. 

Finalmente estuvimos listos, con ella a la vanguardia para tomar el limbo y  rescatar de ese lugar a la delicada criatura que paciente esperaba su liberación. El grito y llanto de ese nuevo ser invitado a nuestro espacio marcarían la primera victoria… después vendrían otras luchas. Mientras digo: muchas gracias hábil y valiente guerrera que has encarnado a Niké, Inanna, Ishtar, Astarot y Maa.

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