Cuando se es joven, hay circunstancias que hacen que uno se vuelva fan de un equipo de futbol. La mía fue la pasión que tenía mi padre por el club León. Aunque yo nací en la ciudad de México, desde chico, mi padre me inculcó el interés por los colores del León: el verde esmeralda.

Quizá alguna vez hayas ido al Estadio Azteca o al estadio de CU, y hayas visto jugar al América, a los Pumas o al Cruz Azul. La primera cancha que yo visité y pisé fue el Nou Camp, como se llama extraoficialmente el estadio del club León, también conocido como el estadio León. Así comenzó toda una historia de amor a un equipo de futbol: el mío.

Las pasiones, desde luego, se alimentan y, a veces, disminuyen. Sin embargo, el amor a los colores de un equipo de futbol es algo que, por lo general, se mantiene, independientemente de las alegrías y las decepciones que las victorias y derrotas de ese equipo provoquen en sus seguidores, en sus fanes.

Hay quien dice que uno puede cambiar de gustos e intereses en la vida, gustos en lo que comemos y hacemos, por ejemplo, pero no de equipo de futbol. ¿Lo has pensado? ¿Le vas a un equipo? ¿Sabes por qué le vas a ese equipo? ¿Te lo has preguntado? ¿Tus padres le van al mismo? Estas cuestiones te pueden servir para identificar justo lo que mencioné antes. ¿Serías capaz de cambiar de equipo? ¿Por qué lo harías?

Si bien hay equipos que tienen historias muy tristes, como nunca haber sido campeones, o haberlo sido hace muchísimos años, a mí me gustaría contarte que en la historia de mi equipo, el León, ha habido de todo: siete campeonatos de liga de primera división, dos descensos a los “infiernos”, es decir, a la segunda división, dos ascensos a la primera división, finales perdidas y finales ganadas; es una historia, pues, de muchas victorias, pero también de muchas derrotas. Y es justo eso lo que uno termina aprendiendo del futbol: que tiene de todo y que no siempre se puede ganar.

Así también uno aprende que a veces, en alguna temporada, hay mejores equipos que el nuestro, y que en otras, resulta que el nuestro es de los mejores. Sin embargo, lo importante es aprender a disfrutar y saber que no siempre se puede ganar. Esa es una lección: respetar las victorias de los otros y aprender de las derrotas nuestras.

Así es como un club de futbol construye una leyenda: con su historia, pero también, con la historia de sus aficionados, de quien los sigue: de sus fanes.


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