Uno de los grandes jugadores del futbol mexicano, multicampeón con el Guadalajara, aquel de los años sesenta llamados campeonísimos, nos dejó hace unas semanas. 

Era un defensa recio, un líder dentro del terreno de juego, capitán de su escuadra y de la selección nacional. Guillermo “El Tigre” Sepúlveda marcó una época en el futbol mexicano. Gran conversador, siempre con una anécdota lista para contar sobre sus compañeros o él mismo. Podías pasar largas horas escuchándolo sin darte cuenta de que el tiempo pasaba volando. 

Hace años tuve la oportunidad de entrevistarlo en el Club Guadalajara y entre las muchas historias que me contó, quiero compartirles estas:

“Con Trelles conviví mucho tiempo en Selección Nacional, porque yo era uno de los inamovibles. Una anécdota que puedo contar es sobre el clásico nacional entre Chivas y América, dicen que fue Fernando Marcos quien lo creó, pero en realidad fuimos los jugadores, pero si alguien tiene que ver, también es don Nacho Trelles, porque en la selección, cuando llegábamos los del Guadalajara al hotel Escargot, en la Ciudad de México, ya estaban los jugadores de la capital y nosotros, los de provincia, llegábamos y les gritábamos: ‘¡Qué pasó pinches chilangos!’ Y ellos nos la contestaban.

Trelles, al que le gustaba el pique, nos ponía a entrenar a los de Guadalajara contra los capitalinos, a sabiendas que nos íbamos a dar con todo. Le gustaba que se prendiera la cosa para que no nos guardáramos nada en los entrenamientos, y a veces ni nos hablábamos; luchábamos por tener un puesto el día del partido, porque no nos íbamos a dejar de esos chilangos, pero ya el día del encuentro, era otra cosa, porque sabíamos que estábamos representando a nuestro país y la alineación que pusiera Nacho era respetada.

El día que jugábamos, nos ponía en círculo e iba diciendo los nombres, uno por uno, de los que les tocaba jugar. A mi casi siempre me tocó, pero si no, pues no había de otra más que apechugar, pero el pique entre los de provincia y los de la ciudad cada vez se hacía más grande, por eso cuando jugaba Chivas contra América, nos dábamos con todo ¡y cómo lo disfrutábamos!”.

“Claro que también viví momentos muy tristes, como cuando íbamos para el Mundial de 1966. Platicábamos los seleccionados para hacer un Sindicato de Futbolistas. Nos reunimos quince días antes de irnos a Londres para que Trelles nos diera nuestro uniforme, como siempre Nacho iba dando los nombres: ‘Atentos, a la voz de su nombre, gritan listo’

‘Carbajal’, y uno gritaba ¡Listo!, ‘Chaires’ ¡Listo!

Seguía yo, y que me salta…

‘Núñez’ ¡Listo!

Nombró a todos menos a mí. De ser el capitán por mucho tiempo, ahora ni siquiera me había mencionado al término de dar los nombres, se me acerca y me dice: ‘Espera a Cañedo y a Zetter, porque quieren hablar contigo’

Inmediatamente me imaginé por qué era. Por lo del Sindicato ya no me tomaron en cuenta, fui el chivo expiatorio, pero ni modo, así quedé fuera de la Copa del Mundo, pero bueno, de eso Nacho no tuvo la culpa, él trató de suavizar las cosas con los directivos, pero creo que ni lo dejaron hablar y lamentablemente son cosas que siguen pasando en nuestro bendito futbol.

Cuando llegaron Guillermo Cañedo y Felipe Zetter, Cañedo me hizo una señal para que me acercara y me gritó fuerte, para que todos escucharan: ‘–En este momento te me vas directito a la chingada. Aquí no queremos lidercillos pendejos. Mañana pasa por tu liquidación y te vas, y ten mucho cuidado con esa bocota, una sola palabra y olvídate de tu contrato con el Nuevo León y de lo poco que te queda de carrera, cabroncito’”.

“El Tigre” ganó seis títulos de Liga con el Guadalajara, cinco Campeón de Campeones, una Copa y una Copa de Campeones de Concacaf.  Dos veces mundialista, 1958 y 1962. Salió injustamente del Guadalajara, firmó con Jabatos de Nuevo León y se decidió junto con otros jugadores a formar un sindicato que defendiera los derechos de los futbolistas mexicanos.  

En una reunión secreta se acordó que estaría presidido por Sepúlveda (presidente), Del Muro (secretario) y Carbajal (tesorero).  Aquella noche se hizo un juramento: nadie diría nada por adelantado de lo ahí acordado.

Hubo un soplón, José Luis “Calaca” González de los Pumas, y para darles una lección, los directivos se fueron sobre el capitán. 

Sepúlveda siguió jugando unos años más, de Jabatos pasó al Oro de Guadalajara en 1968, pero no regresó a la selección, y vaya que hizo falta en Londres 1966.

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