Los Juegos Olímpicos de 1904 fueron asignados originalmente a Chicago, pero como en Saint Louis Missouri se llevaría a cabo la Exposición Universal o Feria Mundial, que tenía la finalidad de mostrar las más grandes novedades en comercio, diseño y tecnología, se decidió que fuera esta última la que organizara la justa deportiva, para no quitar reflectores a una ni a otra. 

Una de las pruebas que se llevó a cabo en los Juegos Olímpicos de 1904 fue la lucha libre que, junto con el boxeo, hacía su aparición en este tipo de competencias. 

Cabe mencionar que la lucha libre no era considerada tan noble como la grecorromana, pero como en Estados Unidos tenía gran aceptación, se permitió como prueba olímpica. 

México, al igual que muchos otros países, no envió atletas a esta Olimpiada. El pretexto de algunas naciones europeas fue la lejanía y el tiempo que duraría, ya que como se incluyó con la Feria Universal, las pruebas fueron intercalándose y fueron cuatro meses que no cualquier presupuesto podía soportar. En el caso del nuestro, se le dio mayor importancia a lo que significaba la Feria que la justa atlética.

Pero si bien nuestra nación no mandó deportistas, sí participó con el primer juez de lucha en aquella gesta. Todo ocurrió de manera circunstancial cuando el presidente Porfirio Díaz nombró al llamado hombre más fuerte de México, Enrique Ugartechea, como uno de los representantes de nuestro país en la Feria Mundial, para que diera diferentes demostraciones. 

En el pabellón mexicano –una construcción con su patio interior que asemejaba una hacienda– Albert Spaulding reconoció a su viejo amigo, a quien había visto combatir en suelo mexicano y lo invitó a unirse a la olimpiada fungiendo como juez de lucha.

Resulta que los impartidores de justicia europeos no llegaron y otros que se dedicaban a la grecorromana no quisieron ser parte de esta novedosa lucha americana. 

Enrique Ugartechea lo pensó un poco. Él no iba preparado para este evento, pero efectivamente era un gran luchador mexicano y fiel conocedor del reglamento, por lo que finalmente aceptó la distinción. 

Sin haberlo previsto, el mexicano se convirtió en parte de esta histórica competencia en donde vio coronarse a siete luchadores de los Estados Unidos de América.

El hecho es poco conocido en tierras mexicanas, debido a que no aparece en los anales olímpicos como un deportista o juez enviado por México e inclusive se le registra como un juez estadounidense. Así, el primer olímpico mexicano, no fue un atleta sino un juez.

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