La poción de Panoramix

Juan Carreño fue uno de los primeros grandes ídolos del futbol en México, de hecho, fue el primer mexicano en anotar un gol en Juegos Olímpicos (Amsterdam 1928) y en una Copa Mundial (Uruguay 1930). Se formó como futbolista en los llanos. En 1925, con sus compañeros de trabajo de la fábrica La Sedanita (que estaba en lo que era la Casa Colorada, por el acueducto de Chapultepec en Ciudad de México) formó un equipo de balompié. Más tarde, pasó a formar parte del equipo de futbol Atlante.

Para describir a Juan, apodado Trompito o Trompo, en las canchas, podemos decir que era un pícaro con ángel y gracia, querido por todos sus compañeros. Para muestra, la siguiente anécdota: 

Para los atlantistas, enfrentar al Necaxa –clásico por aquellos años– significaba algo diferente a otros encuentros. “En una ocasión, los del Atlante apuestan pulques contra cervezas a los necaxistas. El Trompito y su grupo no tienen dinero, por lo que ganar es imperioso. Se juega el primer tiempo y los atlantistas van perdiendo 2-1. Carreño se pone de acuerdo con su compañero apodado el Diente Rosas para que mande un tiro de esquina hacia donde está otro atlantista, conocido como el Patadura. El Trompo se coloca delante del Pipiolo Estrada, portero del Necaxa, y, cuando llega el balón, pisa al guardameta de tal forma que no puede brincar, por lo que el Patadura anota gol sin la oposición del portero contrario. 

”Ya para el segundo tiempo, con el marcador empatado, Carreño toma el balón desde la media cancha y se adentra en el campo contrario en triangulaciones con el Diente Rosas, su compañero de fechorías. Carreño se mete en el área y, justo cuando Rosas centra, ante la marcación de un solo defensa, Juan el Trompito Carreño le baja el short al guardameta del Necaxa, sin que el árbitro –el Flaco Estevez– lo vea, ya que mientras es distraído por otro de los compinches de el Trompito, logran la anotación de la victoria. Así, ante las protestas del rival, Atlante obtiene el triunfo y una tanda del néctar blanco, pulque, en la casa non sancta de María Limón, «novia» de Juan Carreño, por los rumbos del barrio de La Merced.” 

Como jugador, Carreño contaba con muchas artimañas y no daba un balón por perdido. Tenía gran dominio del balón y daba muy buenos pases cuando se metía por las bandas, además de que era muy batallador, se cambiaba constantemente de banda y en los tiros de esquina siempre aparecía pegado al portero, con el que aplicaba sus mañas (lo jalaba del short o lo pisaba al momento que iba a saltar) y aunque era bajito, sabía cabecear bien. Durante los partidos, tenía por costumbre, acercarse a la banda y salir de la cancha, donde su novia le tenía listo su pulque para que le diera algunos tragos, ya que él consideraba que dicha bebida le daba fortaleza especial para afrontar los juegos (lo cual nos haría recordar, a quienes nacimos muchos años después, la poción mágica de Panoramix en la serie de historietas de Astérix

Como persona, le encantaba la fiesta, el huateque, el baile, acostumbraba a asistir a los diferentes salones de baile de la capital y moverse como trompo, una de las razones de su apodo. Le gustaban mucho las mujeres y, obvio, el pulque. Era un trabajador de clase baja. Fue obrero, también trabajó en una panadería y ayudó al Diente Rosas en un taller mecánico. A esto se dedicó en los últimos años de su vida.

Fue, sin lugar a duda, un futbolista fuera de serie en su era. Vivió sus últimos años en una vecindad. Murió muy joven (1940), cuando contaba apenas con 31 años, de una apendicitis mal cuidada que derivó en peritonitis. 

Uno de los grandes ídolos del futbol mexicano.

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